
A muchas personas les dan mal rollo los payasos. Especialmente los augustos, los de narizota roja, zapatones y camiseta hasta los tobillos. Creo que es en Freaks donde aparece el arquetipo del payaso resabiado y alcohólico. De todo habrá en ese colectivo que busca, como Alfonso Guerra, provocar una sonrisa en un niño, pero de entre ellos dan mucho mal rollo la familia Aragón (es incalificable lo que han hecho con el pobre Fofito, ese juguete roto), y Charlie Rivel. En los primeros ochenta eran frecuentes en la tele los homenajes a Charlie Rivel, en los que éste hacia siempre el mismo número: se subía a una silla y aullaba. Todos reían, y no hacía ni puñetera gracia. Es allí donde supe de los actos de autoengaño masivo que tanto gustan en Cataluña. Saber que un Charlie Rivel más joven actúo, quizá haciendo el numerito de la silla, ante el Mal Absoluto hace al personaje aún más inquietante.
En esta estatua, sita en los Jardins Joan Brossa de la montaña de Montjuïc en Barcelona, vemos a Charlie Rivel levantando la silla, quizá a punto de chafársela en la cabeza al payaso carablanca. Mal rollo.




